La vida no es mas que una especie de concurso en el que unos salimos ganadores y otros permanecen en la grada de fracasados. Pero aún así, hay quien no puede acceder a participar, son los marginados, los carentes de oportunidades en el concurso de la vida.
Las puertas se cierran a cal y canto para algunos, las cerraduras de la marginación seguirán oxidadas por mucho tiempo. Las llaves de la justicia permanecen perdidas y justificamos todo en la desidia, la dejadez y el olvido.
La raza, la religión, el sexo... son las armas que se usan en el campo del aislamiento social. Una artillería que todos hemos usado alguna vez y con la que hemos actuado sin miramientos para mantener bien alto la bandera del egocentrismo, del orgullo.
Cada día izamos banderas de falsas victorias tras contiendas sin sentido que nosotros mismos diseñamos con el único fin de salir victoriosos de la cosecha de monotonía y aburrimiento que sembramos de cara a la galería.
La aproximación a un mundo ideal -en el que haya lugar para todos, donde el fracaso y la victoria no vivan en permanente antonimia- está cada día más difícil. Los ríos de la cordura dibujan su curso entre montañas de obstáculos aparentes y no se ve una pronta llegada a la desembocadura de la equidad.
Cada minuto que empleamos en este ring de las desavenencias, nos aleja más aún de la ansiada tranquilidad que traerá el fluido diálogo de los hombres. Mientras haya acuerdo no habrá disputa, mientras sonreímos no ensalzamos la ira en los demás.
viernes, 6 de junio de 2008
jueves, 5 de junio de 2008
Un mundo sin vigilancia

Son muchos los conflictos bélicos que se producen en estos momentos en los diferentes puntos de nuestro globo terráqueo. Guerras sin sentido que van consumiendo la esperanza de la humanidad de vivir en paz. Batallas sin tregua que alimentan las arcas de aquellos países que engordan sus ingresos con una industria armamentística cada día peor vista.
A pesar de la existencia de diferentes organismos internacionales que deberían de velar para que la carta de los derechos humanos sea respetada e imperase en todos los rincones del planeta, los abusos y atropellos permanecen impunes, parece como si nadie fuese vigilado. No llega a haber un verdadero control sobre las decisiones adoptadas por algunos países.
Organismos de control los hay, pero cierran sus ojos, miran a otro lado, hacia el de los intereses de los mas poderosos. Infringir normas es fácil siempre que el perjudicado sea el más débil. Las superpotencias siguen teniendo inmunidad, en cambio, a los países en desarrollo se le imponen restricciones, grandes aranceles, se les asfixia en el ámbito internacional.
Los ciudadanos de a pie parece que estamos vigilados de cerca por policías, el fisco, etc. En cambio las naciones vagan por el desierto de los abusos sin que un solo vigía declare la alerta ante la barbarie que se adivina en el horizonte.
Deberíamos de prestar todos y cada uno de nosotros nuestro apoyo o rechazo a estas decisiones, no dejar en manos de políticos apegados al poder, la maniobra de la muerte, la desolación y el caos. Y por eso siempre me he preguntado ¿quién vigila a los que nos vigilan?
A pesar de la existencia de diferentes organismos internacionales que deberían de velar para que la carta de los derechos humanos sea respetada e imperase en todos los rincones del planeta, los abusos y atropellos permanecen impunes, parece como si nadie fuese vigilado. No llega a haber un verdadero control sobre las decisiones adoptadas por algunos países.
Organismos de control los hay, pero cierran sus ojos, miran a otro lado, hacia el de los intereses de los mas poderosos. Infringir normas es fácil siempre que el perjudicado sea el más débil. Las superpotencias siguen teniendo inmunidad, en cambio, a los países en desarrollo se le imponen restricciones, grandes aranceles, se les asfixia en el ámbito internacional.
Los ciudadanos de a pie parece que estamos vigilados de cerca por policías, el fisco, etc. En cambio las naciones vagan por el desierto de los abusos sin que un solo vigía declare la alerta ante la barbarie que se adivina en el horizonte.
Deberíamos de prestar todos y cada uno de nosotros nuestro apoyo o rechazo a estas decisiones, no dejar en manos de políticos apegados al poder, la maniobra de la muerte, la desolación y el caos. Y por eso siempre me he preguntado ¿quién vigila a los que nos vigilan?
miércoles, 4 de junio de 2008
La cultura que viene
Revistas, periódicos, teletextos, internet, news, radio, televisión...muchas son los medios a nuestro alcance hoy día para estar informados de todo lo que acaece en cualquier parte del mundo. Hoy no cabe lugar al aislamiento del conocimiento. La sociedad actual tiene la tremenda suerte de acaparar noticias a cualquier hora del día.
Imagino que así la cultura media ha debido de subir considerablemente sus niveles. El que no se informa es porque no quiere. A pesar de ello aún podemos ver como nuestros estudiantes de primaria y secundaria vierten en los exámenes respuestas tan disparatadas que me evocan la época primitiva.
Un ejemplo de ello lo podemos ver en http://www.lacoctelera.com/yaestaellistoquetodolosabe/post/2006/02/01/las-respuestas-mas-curiosas-y-divertidasen-examenes-la-eso- de estas respuestas solo podemos avergonzarnos, y me lleva a pensar que nuestra juventud no sabe a donde quiere ir ni cuál es su papel en una sociedad en la que parecen vivir de espaldas a la realidad.
Precisamente son los más jóvenes los que hoy tienen la suerte de tener los medios a su alcance para acceder a las pistas de la información. Todos disponen en casa de conexiones de alta velocidad a internet, pero que tan sólo usan para el ocio, y dentro de éste no cabe la cultura del conocimiento, ellos solo apuestan por los chat, los juegos on line, etc.
Los libros de texto a todo color, con magníficas fotografías, perfectos encuadernados solo sirven a ellos para acumularlos y poder apoyar sobre ellos la nueva consola de videojuegos.
Asistimos a un desentendimiento por parte de la juventud de todo aquello que según ellos “no mola”. Si los alumnos de los años 50 hubiesen podido tener a su alcance los medios de que disponen hoy día los preuniversitarios, España sería un país exportador de grandes talentos. Antes, acceder a la educación no era fácil, el trabajo antes de los 12 años en el campo, ayudando en las tareas del hogar, etc provocaban que acudir al colegio era tan solo un privilegio de unos pocos: el hijo del boticario, la hija del alcalde y poco más.
Hoy la realidad es bien distinta, acceso gratutito para todos, profesionales cualificados al frente de la enseñanza, ordenadores para todos, infinidad de libros de texto...y todo en manos de una generación que sólo cultiva el ocio. Dentro de treinta años preguntar en un examen quién fue Camilo José Cela será ser muy duro con unos estudiantes que asisten impasibles a todo lo que acaece.
Imagino que así la cultura media ha debido de subir considerablemente sus niveles. El que no se informa es porque no quiere. A pesar de ello aún podemos ver como nuestros estudiantes de primaria y secundaria vierten en los exámenes respuestas tan disparatadas que me evocan la época primitiva.
Un ejemplo de ello lo podemos ver en http://www.lacoctelera.com/yaestaellistoquetodolosabe/post/2006/02/01/las-respuestas-mas-curiosas-y-divertidasen-examenes-la-eso- de estas respuestas solo podemos avergonzarnos, y me lleva a pensar que nuestra juventud no sabe a donde quiere ir ni cuál es su papel en una sociedad en la que parecen vivir de espaldas a la realidad.
Precisamente son los más jóvenes los que hoy tienen la suerte de tener los medios a su alcance para acceder a las pistas de la información. Todos disponen en casa de conexiones de alta velocidad a internet, pero que tan sólo usan para el ocio, y dentro de éste no cabe la cultura del conocimiento, ellos solo apuestan por los chat, los juegos on line, etc.
Los libros de texto a todo color, con magníficas fotografías, perfectos encuadernados solo sirven a ellos para acumularlos y poder apoyar sobre ellos la nueva consola de videojuegos.
Asistimos a un desentendimiento por parte de la juventud de todo aquello que según ellos “no mola”. Si los alumnos de los años 50 hubiesen podido tener a su alcance los medios de que disponen hoy día los preuniversitarios, España sería un país exportador de grandes talentos. Antes, acceder a la educación no era fácil, el trabajo antes de los 12 años en el campo, ayudando en las tareas del hogar, etc provocaban que acudir al colegio era tan solo un privilegio de unos pocos: el hijo del boticario, la hija del alcalde y poco más.
Hoy la realidad es bien distinta, acceso gratutito para todos, profesionales cualificados al frente de la enseñanza, ordenadores para todos, infinidad de libros de texto...y todo en manos de una generación que sólo cultiva el ocio. Dentro de treinta años preguntar en un examen quién fue Camilo José Cela será ser muy duro con unos estudiantes que asisten impasibles a todo lo que acaece.
martes, 3 de junio de 2008
Hipocresía de color
A veces no es fácil comprender las situaciones que viven y atraviesan los miles de inmigrantes que llegan a nuestro país. Llegar a un país donde en la mayoría de las ocasiones el idioma es ya un obstáculo a salvar, recrudece las situaciones que viven en su día a día estas personas. Preguntas tan simples como averiguar donde regularizar sus papeles, cómo alquilar una vivienda, buscar trabajo o hacerles comprender situaciones jurídicas, pueden ser auténticos escollos para unas personas que junto al desconocimiento del castellano permanecen impregnados del miedo a la exclusión social.
Las estadísticas no hablan de que el pueblo español sea xenófobo, pero no me gustan las estadísticas. Hay actitudes xenófobas que quedan enmascaradas por las rutinas diarias. Así no querer alquilar a inmigrantes una vivienda es una actitud xenófoba, y no está nada justificada. El no hacer frente al pago de una renta mensual puede ocurrirle a un propietario español tanto con un inquilino senegalés como con uno cordobés.
No hay que olvidar que esta comunidad inmigrante está dejando en nuestro país una riqueza muy necesaria en momentos de crisis como los actuales. La mayoría de las bolsas de viviendas en alquiler de nuestro país están siendo absorbidas por estos grupos, además en muchos casos suelen regentar negocios de venta de comestibles típicos de otras culturas, esto conlleva una fuerte demanda de alquiler de locales de negocio.
Por tanto, debemos aceptar una realidad, España es un país cuyas fronteras se abrieron hace unos años, y al igual que nuestros abuelos y nuestros padres emigraron a países como Francia o Alemania, donde trabajaron y obtuvieron ingresos para volver a su país de origen con unos ahorros que le permitieron vivir con dignidad, ahora otras personas hacen lo mismo en el nuestro.
Cada una de estas personas no eligen salir de sus países, dejar a sus familias, etc por placer, lo hacen por mera necesidad. Hacia todos ellos habría que desplegar los brazos de la solidaridad y pensar que muchos de ellos viven en nuestro país en condiciones infrahumanas, y eso, sólo lo podemos paliar nosotros. A veces el tercer mundo lo tenemos muy cerca de casa, pasamos a diario delante de ellos, le negamos su condición de ciudadano. Cualquiera de nosotros podemos en un futuro tener la necesidad de salir de nuestro país en busca de lo que no encontramos, en busca simplemente de esperanza.
Las estadísticas no hablan de que el pueblo español sea xenófobo, pero no me gustan las estadísticas. Hay actitudes xenófobas que quedan enmascaradas por las rutinas diarias. Así no querer alquilar a inmigrantes una vivienda es una actitud xenófoba, y no está nada justificada. El no hacer frente al pago de una renta mensual puede ocurrirle a un propietario español tanto con un inquilino senegalés como con uno cordobés.
No hay que olvidar que esta comunidad inmigrante está dejando en nuestro país una riqueza muy necesaria en momentos de crisis como los actuales. La mayoría de las bolsas de viviendas en alquiler de nuestro país están siendo absorbidas por estos grupos, además en muchos casos suelen regentar negocios de venta de comestibles típicos de otras culturas, esto conlleva una fuerte demanda de alquiler de locales de negocio.
Por tanto, debemos aceptar una realidad, España es un país cuyas fronteras se abrieron hace unos años, y al igual que nuestros abuelos y nuestros padres emigraron a países como Francia o Alemania, donde trabajaron y obtuvieron ingresos para volver a su país de origen con unos ahorros que le permitieron vivir con dignidad, ahora otras personas hacen lo mismo en el nuestro.
Cada una de estas personas no eligen salir de sus países, dejar a sus familias, etc por placer, lo hacen por mera necesidad. Hacia todos ellos habría que desplegar los brazos de la solidaridad y pensar que muchos de ellos viven en nuestro país en condiciones infrahumanas, y eso, sólo lo podemos paliar nosotros. A veces el tercer mundo lo tenemos muy cerca de casa, pasamos a diario delante de ellos, le negamos su condición de ciudadano. Cualquiera de nosotros podemos en un futuro tener la necesidad de salir de nuestro país en busca de lo que no encontramos, en busca simplemente de esperanza.
lunes, 2 de junio de 2008
El petroleo: detonante de una crisis
Me da miedo pensar que podamos acabar como algunos países sudamericanos, donde junto a gobernantes dictatoriales nos encontramos con economías tercer mundistas. El precio de barril de crudo está siendo el detonante de una serie de huelgas en diversos sectores que están muy vinculados con bienes de primera necesidad para la población.
Sin transporte de mercancías podíamos llegar a ver nuestros supermercados con sus estanterías despobladas, eso llevaría a la población a saquear las tiendas de forma desesperada para poder subsistir con al menos un mínimo de alimentos.
Nuestra flota pesquera acabará amarrada en puerto, para comer pescado deberemos coger nuestra propia caña de pescar y aventurarnos a dejar pasar las horas en espera de que los peces piquen el anzuelo del hambre.
Este tipo de carencias harán mella en una población que inmersa bajo una inflación aberrante y asistiendo impotente a una escalada de los créditos hipotecarios, necesitará muy poco para echarse a las calles y sublevarse. Nuestros gobernantes tendrán que estar muy atentos a los movimientos que los agentes sociales lleven a cabo en estos próximos meses, pues se podría desencadenar un caos económico y social sin precedentes en este país.
La delincuencia podría proliferar de forma espectacular como consecuencia de cruzar el umbral razonable de la pobreza y el hambre. Nos podemos encontrar familias que en estos momentos no llegan a final de mes, que en momentos de crisis mas agudos, se vean obligados a subsistir a cualquier precio.
El horizonte que se vislumbra no es muy halagüeño, estamos ante la primera consecuencia de una crisis a nivel mundial, el precio del crudo ya ha puesto las cartas sobre la mesa del caos, otros imprevistos acechan nuestras vidas, esto no ha hecho mas que empezar. Lo único que cabe esperar es que nuestro políticos no favorezcan que cunda el pánico y la alarma social.
Sin transporte de mercancías podíamos llegar a ver nuestros supermercados con sus estanterías despobladas, eso llevaría a la población a saquear las tiendas de forma desesperada para poder subsistir con al menos un mínimo de alimentos.
Nuestra flota pesquera acabará amarrada en puerto, para comer pescado deberemos coger nuestra propia caña de pescar y aventurarnos a dejar pasar las horas en espera de que los peces piquen el anzuelo del hambre.
Este tipo de carencias harán mella en una población que inmersa bajo una inflación aberrante y asistiendo impotente a una escalada de los créditos hipotecarios, necesitará muy poco para echarse a las calles y sublevarse. Nuestros gobernantes tendrán que estar muy atentos a los movimientos que los agentes sociales lleven a cabo en estos próximos meses, pues se podría desencadenar un caos económico y social sin precedentes en este país.
La delincuencia podría proliferar de forma espectacular como consecuencia de cruzar el umbral razonable de la pobreza y el hambre. Nos podemos encontrar familias que en estos momentos no llegan a final de mes, que en momentos de crisis mas agudos, se vean obligados a subsistir a cualquier precio.
El horizonte que se vislumbra no es muy halagüeño, estamos ante la primera consecuencia de una crisis a nivel mundial, el precio del crudo ya ha puesto las cartas sobre la mesa del caos, otros imprevistos acechan nuestras vidas, esto no ha hecho mas que empezar. Lo único que cabe esperar es que nuestro políticos no favorezcan que cunda el pánico y la alarma social.
viernes, 30 de mayo de 2008
Fin de curso
El curso escolar llega a su fin, para unos motivo de alegría para otros comienza la pesadilla de los suspensos. Aún recuerdo cuando de joven tenía pesadillas con el día de las llegada de las notas. Me adueñaba del buzón para retrasar al máximo la entrega de las mismas a mi padre. Bueno primero a mi madre, luego ella se encargaba de dar el parte de guerra a mi padre. Las madres siempre afrontan la tragedia con otra calma.
El intervalo de tiempo existente entre el último examen y la llegada de las notas era mi verdadero periodo vacacional. Unos diez días donde no había que hacer nada, ni estudiar, ni acostarse temprano....Nunca fui de muchos suspensos pero siempre quedaba alguna para septiembre, era algo que iba conmigo a todos lados.
Esto en mi casa era más trágico si tenemos en cuenta que mi hermana no sólo no suspendía nada sino que además era la destinataria del mayor número de sobresalientes y notables. En cambio yo estaba abonado al suficiente y al bien. No se puede tener todo en esta vida.
Cuando llegaban las notas eran inevitables las comparaciones, creo que de ahí le cogí cierta manía a mi hermana. Ella era perfecta, estudiaba más horas que yo, no veía la televisión, estudiaba de noche, no salía apenas los fines de semana, en fin, una hija perfecta. Sin embargo, gracias a mi, la figura de la oveja negra tiene existencia y sentido hoy día.
Hoy con el paso de los años, apenas me acuerdo de aquellos días que pasaba angustiado sabiendo de antemano que asignatura, bueno, asignaturas, me iban a venir en rojo. Era la cuenta atrás de una ejecución que siempre duraba tres o cuatro días. Mi padre con semblante serio me lo recordaba cada día, luego pasada la tormenta todo volvía a su cauce. El cauce no era otro sino el de volver a tener los libros entre las manos mientras mi hermana llegaba a la playa la primera. Listos y torpes enfrentados e inmersos en un verano donde cualquier cosa apetecía menos ver los apuntes maltrechos de todo un invierno.
En la actualidad, los jóvenes no sufren ni represalias ni castigos ni son obligados a nada. Está mal visto que un padre obligue a un hijo a estudiar e impida que salga y disfrute de amigos y consolas. Son otros tiempos, los tiempos de libertad, de dejadez de las obligaciones con los hijos, hoy se premia al hijo que no estudia. Pero no estoy del todo seguro que esto sea lo mejor, hoy me siento orgulloso de cómo eran los padres de antes y es más, a veces echo de menos su presencia viendo la juventud actual.
El intervalo de tiempo existente entre el último examen y la llegada de las notas era mi verdadero periodo vacacional. Unos diez días donde no había que hacer nada, ni estudiar, ni acostarse temprano....Nunca fui de muchos suspensos pero siempre quedaba alguna para septiembre, era algo que iba conmigo a todos lados.
Esto en mi casa era más trágico si tenemos en cuenta que mi hermana no sólo no suspendía nada sino que además era la destinataria del mayor número de sobresalientes y notables. En cambio yo estaba abonado al suficiente y al bien. No se puede tener todo en esta vida.
Cuando llegaban las notas eran inevitables las comparaciones, creo que de ahí le cogí cierta manía a mi hermana. Ella era perfecta, estudiaba más horas que yo, no veía la televisión, estudiaba de noche, no salía apenas los fines de semana, en fin, una hija perfecta. Sin embargo, gracias a mi, la figura de la oveja negra tiene existencia y sentido hoy día.
Hoy con el paso de los años, apenas me acuerdo de aquellos días que pasaba angustiado sabiendo de antemano que asignatura, bueno, asignaturas, me iban a venir en rojo. Era la cuenta atrás de una ejecución que siempre duraba tres o cuatro días. Mi padre con semblante serio me lo recordaba cada día, luego pasada la tormenta todo volvía a su cauce. El cauce no era otro sino el de volver a tener los libros entre las manos mientras mi hermana llegaba a la playa la primera. Listos y torpes enfrentados e inmersos en un verano donde cualquier cosa apetecía menos ver los apuntes maltrechos de todo un invierno.
En la actualidad, los jóvenes no sufren ni represalias ni castigos ni son obligados a nada. Está mal visto que un padre obligue a un hijo a estudiar e impida que salga y disfrute de amigos y consolas. Son otros tiempos, los tiempos de libertad, de dejadez de las obligaciones con los hijos, hoy se premia al hijo que no estudia. Pero no estoy del todo seguro que esto sea lo mejor, hoy me siento orgulloso de cómo eran los padres de antes y es más, a veces echo de menos su presencia viendo la juventud actual.
jueves, 29 de mayo de 2008
Tercer trimestre: el verano
En unas semanas veremos como a nuestras playas se acercan de forma masiva miles de turistas dispuestos a dejarse broncear sus cuerpos, a degustar nuestros espetos de sardinas, a consumir miles de litros de tinto de verano, y a ocupar día tras día las diferentes terrazas de verano existentes a lo largo de toda la costa.
Comienza una nueva temporada estival bajo la incertidumbre de la pérdida de valor de la libra, del dólar respecto al euro. La crisis puede hacer mella en un sector turístico en el que hay puestas muchas esperanzas de recuperación de empleo, aunque sea a modo temporal. La salvación de miles de familia pasa por ver altas ocupaciones en hoteles, apartamentos, campings.
En cambio, las perspectivas no son muy halagüeñas, los bolsillos de las economías domésticas parecen no estar para derroches. Los analistas turísticos hablan del cambio de hábitos y así las estancias se acortan y los destinos cada vez quedan más cerca de casa.
Y si a esto sumamos que a falta de dos días para entrar en el mes de junio, las temperaturas rozan los 16º C, el granizo y la lluvia afectan a parte de la península, el panorama no es muy esperanzador. Un verano loco metereológicamente hablando puede dar al traste con las vacaciones de muchos españoles. Ojalá los 40º C lleguen pronto y los habitantes del centro e interior del sur de Andalucía decidan huir de las altas temperaturas rumbo a una costa ansiosa por ingresar en sus arcas las preciadas divisas que la construcción se llevó.
Las pagas extras de verano deberían tener como destino el ocio y no para hacer frente a declaraciones de renta indeseadas. Bañadores, bikinis, toallas de baño, velas de surf...todos esperan poder ver la luz, acariciar la cálida arena, impregnarse del salino marismo. Los talleres deberían prepararse para puestas a punto de miles de vehículos que zarparán con destino a la autovía del Mediterráneo, y así escuchar pronto hablar de las campañas de salida de la Dirección General de Tráfico. Que así suceda, y que todos lo veamos.
Comienza una nueva temporada estival bajo la incertidumbre de la pérdida de valor de la libra, del dólar respecto al euro. La crisis puede hacer mella en un sector turístico en el que hay puestas muchas esperanzas de recuperación de empleo, aunque sea a modo temporal. La salvación de miles de familia pasa por ver altas ocupaciones en hoteles, apartamentos, campings.
En cambio, las perspectivas no son muy halagüeñas, los bolsillos de las economías domésticas parecen no estar para derroches. Los analistas turísticos hablan del cambio de hábitos y así las estancias se acortan y los destinos cada vez quedan más cerca de casa.
Y si a esto sumamos que a falta de dos días para entrar en el mes de junio, las temperaturas rozan los 16º C, el granizo y la lluvia afectan a parte de la península, el panorama no es muy esperanzador. Un verano loco metereológicamente hablando puede dar al traste con las vacaciones de muchos españoles. Ojalá los 40º C lleguen pronto y los habitantes del centro e interior del sur de Andalucía decidan huir de las altas temperaturas rumbo a una costa ansiosa por ingresar en sus arcas las preciadas divisas que la construcción se llevó.
Las pagas extras de verano deberían tener como destino el ocio y no para hacer frente a declaraciones de renta indeseadas. Bañadores, bikinis, toallas de baño, velas de surf...todos esperan poder ver la luz, acariciar la cálida arena, impregnarse del salino marismo. Los talleres deberían prepararse para puestas a punto de miles de vehículos que zarparán con destino a la autovía del Mediterráneo, y así escuchar pronto hablar de las campañas de salida de la Dirección General de Tráfico. Que así suceda, y que todos lo veamos.
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